Necesitamos un nuevo aire para Medellín

Mariana tiene alergias respiratorias, rinitis, incidencia de infecciones en la garganta y los oídos. En las noches y a las primeras horas de la mañana la pequeña de cuatro años  comienza a estornudar y a toser, siente picazón en la garganta y en la nariz. Si las cosas se agravan experimenta irritación en la piel, presión en el pecho y dificultad para respirar.

Debido a esta situación cuenta Ana María Naranjo, la madre de Mariana, que la niña fue diagnosticada desde los dos años con alergias respiratorias y ha seguido un tratamiento estricto con antialérgicos orales e inhaladores.

“Pero lo más triste para la pequeña y para todos en la casa es que le fueron suspendidas algunas de las actividades al aire libre cuando tiene crisis en sus alergias, como correr, saltar, hacer deporte o jugar en el parque. En el colegio solo puede salir al aire libre en el recreo de las 11:00 a.m., pues a esa hora disminuye la contaminación”, cuenta Naranjo.

Según el doctor William Parra, neumólogo y pediatra, estas afecciones son frecuentes en los niños y niñas que viven en Medellín y en el valle de Aburrá, y tiene relación estrecha con los altos índices de contaminación atmosférica que se presentan en la región.

La contaminación del aire tiene un impacto muy grande en todo ser humano, desde la salud del gestante que está en el útero materno hasta la edad adulta. A su vez, los niños tienen un 14 por ciento más de probabilidad de ser asmáticos que el resto de la población si están sometidos a la polución”, señala el experto.

Según el doctor Parra, a partir de estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de su experiencia en la práctica médica, son las personas que viven cerca de las avenidas, autopistas o calles principales las que tienen más probabilidad de sufrir enfermedades respiratorias o cardiovasculares.

El médico asegura que según investigaciones de la OMS el bajo peso al nacer es una de las consecuencias de esta problemática ambiental. Para él esto conlleva a que haya cada vez mayores casos de morbilidad (proporción de personas que se enferman en un sitio y en un tiempo determinado) y mortalidad.

Para Ana María Naranjo, la situación de la contaminación del aire es alarmante en la ciudad y de continuar así se verán obligados a salir de allí, pues le preocupa el futuro de su hija Mariana. “No sabemos estos niños que enfermedades vayan a tener a los 30 o 40 años por la carga de contaminantes a los que están expuestos”, reflexiona.

Al respecto, una investigación de la Universidad de Antioquia indica que el número de personas que fallecen en Medellín por causa de enfermedades respiratorias crónicas es cada vez más alto. El estudio señala que en los últimos 32 años en la ciudad han muerto 64.948 personas por cáncer de pulmón, afecciones respiratorias y cardiovasculares, bronquitis, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y crisis asmáticas.

Según la investigación, la mortalidad por enfermedades respiratorias crónicas en Medellín muestra un exceso de 92 por ciento en relación con Bogotá. Evidencia que por la estrechez geográfica y poca ventilación del territorio, el aire permanece cautivo y retiene los contaminantes, lo cual, implica una mayor exposición de sus habitantes a las emanaciones tóxicas.

“Eso no ocurre en ninguna otra ciudad del país. Por eso, todos tenemos que tomar precauciones, pues no solo se refleja en síntomas, sino en vidas humanas. Sin embargo, las autoridades en salud, tanto por desconocimiento como por omisión, no han tomado cartas en el asunto como realmente debieran”, dice Elkin Martínez, profesor de la facultad de Salud Pública de la Universidad de Antioquia

Para él, si bien la solución no está en el sector salud, allí si están los efectos; por lo tanto, la función de los médicos debe ser ante todo de alerta y de educación con las comunidades, además de la acción solidaria de exigir y demandar dicha solución en otras instancias gubernamentales.

 La ciudad más contaminada del país

Según un informe del 2015 de la OMS, Medellín es la novena ciudad más contaminada en Latinoamérica, después de Cochabamba (Bolivia), Lima (Perú), Río de Janeiro (Brasil), Monterrey y Toluca, (México), Guatemala, Tegucigalpa (Honduras) y Belo Horizonte (Brasil). En el décimo puesto de la lista de la OMS está Bogotá, con unos pocos puntos de diferencia frente a Medellín.

Para el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, autoridad ambiental, la crisis se debe en gran parte a la transición de la temporada seca a la temporada de lluvias, que produce la formación de una capa espesa de neblina, que impide la entrada de radiación solar, lo cual hace que se acumulen las emisiones de gases.

En condiciones normales, la radiación haría que asciendan sobre las montañas todos esos contaminantes y allí nuevos vientos los expulsarían.

Pero la realidad es otra, en la región del valle de Aburrá los niveles de P.M 10 -pequeñas partículas sólidas o líquidas de polvo, ceniza, hollín- han llegado 127 microgramos por metro cúbico en 24 horas, cuando los máximos permisibles según el ICA (Índice de contaminación del aire) son de 100 microgramos.

En cuanto al nivel de P.M. 2.5, que es aún más dañino para la salud, se han presentado índices por encima de 60 microgramos por metro cúbico en 24 horas, cuando la legislación señala que lo máximo permisible es de 50 microgramos. Estas partículas finas tan solo son detectadas con un microscopio electrónico.

Por eso, el pasado lunes 27 de febrero el Área Metropolitana del valle de Aburrá emitió la alerta naranja, que tiene como fin comunicar a la ciudadanía el peligro al que se ve expuesta y prevenir que la región llegue al siguiente estado de gravedad, la alerta roja Fase I, que establece medidas como la restricción de vehículos de volquetas y de carga, vigilancia estricta de las emisiones de los vehículos y la extensión del pico y placa.

Ese lunes, 4 de las 9 estaciones de medición del aire amanecieron con niveles de P.M. 2,5 dañinos a grupos sensibles: adultos mayores, personas con afecciones pulmonares o cardiovasculares y niños. La estación de La Estrella presentó alerta roja, es decir, niveles de contaminación dañinos para la salud, en la que toda la población es susceptible de afecciones a causa de una exposición prolongada.

“El protocolo establece que cuando superamos los índices del contaminante crítico P.M. 2.5 se debe decretar una alerta naranja para los que utilicen el auto particular dejen de hacerlo y tratemos de compartir más el vehículo, que los empresarios promuevan el trabajo escalonado, el teletrabajo y otras alternativas de transporte”, dice María del Pilar Restrepo, subdirectora ambiental del Área Metropolitana.

La subdirectora asegura que la entidad está haciendo grandes esfuerzos para contrarrestar la problemática y aunque falta mucho, en este momento esta en ajuste el plan de descontaminación, como mayor control sobre las fuentes fijas (empresas) y las fuentes móviles (carros y motos). Estos últimos, señala Restrepo, generan el 80 por ciento de las partículas menores, además del 74 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono, el 99 por ciento de las emisiones de metano y el 80 por ciento de las de oxígeno nitroso.

Sin embargo, el parque automotor sigue creciendo y no hay medidas claras de la autoridad ambiental y los municipios para frenarlo. Un informe del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, en asocio con el Clean Air Institute, señaló que en la ciudad crece anualmente un 35 por ciento el parque automotor, el cual en la actualidad está conformado por 546.786 carros particulares, 710.186 motocicletas, cerca de 40.194 taxis y 17.999 buses.

infoaire

Para Daniel Suárez, activista del medio ambiente, el crecimiento constante del parque automotor es generado por una falta de conciencia de los ciudadanos sobre el ambiente, pero también porque la ciudad (las instituciones públicas) no brinda la seguridad y la infraestructura adecuada para pasarse a otro sistema de transporte sostenible como la bicicleta.

“El vehículo cada vez tiene más espacio, prometieron en la administración actual 80 kilómetros de ciclorruta y después de un año no se ha construido ni uno. El transporte público tampoco es del todo eficiente en muchos sectores como en El Poblado, donde están el mayor número de vehículos”, señala el activista.

Universidades piden ayuda para mejorar el aire

Intelectuales y académicos de Medellín crearon en el 2016 un grupo o colectivo llamado SOS por el aire, que busca poner este tema en la discusión pública. Uno de los miembros del grupo, Alejandro Álvarez Vanegas, profesor de Ingeniería de Procesos de Eafit, manifiesta que, en su opinión, las instituciones públicas, las autoridades ambientales y las empresas privadas no han hecho lo suficiente para reducir los índices de contaminación del aire.

“No hay datos claros sobre el impacto de la contaminación atmosférica en la salud, pues lo que se tiene lo ha puesto en duda, como la investigación que señala que ocho personas mueren cada día en Medellín por causas atribuibles a la contaminación del aire, lo cual es una cosa bárbara, una cosa tremendamente preocupante”, dice el profesor.

Para él, casos como el de Mariana no deberían pasar desapercibidos por el gobierno municipal y nacional, porque se trata de situaciones que evidencian el grave problema de salud pública que tiene la ciudad por los altos niveles de polución.

“El Área Metropolitana nos presentó un protocolo de crisis ante la contingencia ambiental pero no le dijo a los ciudadanos claramente cómo evitar llegar a ese protocolo. En ese sentido estamos tratando de poner cada vez más el tema en la agenda de todos para que realmente se comprometan y hagan algo por darle solución de fondo a la problemática”, señala.

El experto asegura que sí las autoridades se preocuparan por el tema de la contaminación ambiental como por la seguridad o los homicidios ya habría medidas preventivas. Por eso construyeron un decálogo donde le proponen al ciudadano caminar como primera opción para movilizarse y que las distancias medianas sean recorridas en vehículos no motorizados.

El decálogo señala que para distancias largas deberían preferir el trasporte público o buscar compartir el vehículo privado, además de atender en forma rigurosa el estado técnico-mecánico del mismo, ya que el deterioro incrementa la contaminación. También contempla la posibilidad de realizar trabajo en casa, suprimiendo algunos viajes que puedan ser reemplazados por reuniones virtuales o teleconferencias.

“Todos aquí estamos llamados a hacer algo, los ciudadanos desde nuestros hábitos y desde nuestros comportamientos tenemos que aportar un montón y decidir cómo queremos habitar este entorno para poder modificarlo. Pero eso no quiere decir que la participación ciudadana deba reemplazar la responsabilidad que tienen el sector público y el sector privado”, agrega el académico.

Para reflexionar …

En últimas, la comunidad puede aportar de muchas maneras, pero es necesario que la ciudad brinde la viabilidad a esa transformación puntual. Desde hace varios días, tal vez años, se han escuchado numerosas propuestas, sin embargo, un valor de contaminación del aire entre 0 – 50, buena calidad,  que debería ser la constante, aún es escaso. Por eso, necesitamos decisiones rigurosas y correcciones contundentes, expresan los activistas.

Hay que recordar que cada resolución hace parte de una red donde a su vez se van activando diferentes alertas. Hoy nos vemos enfrentados a un problema grave de polución, pero existen otros desafíos que también se van haciendo cada vez más tenaces. No solo se trata de denunciar en la inmediatez sino de planear agudamente la manera en que construimos nuestra ciudad frente a estas consecuencias inminentes y persistentes. Al fin y al cabo, como decía Jan Gehl:

“uno debe de enorgullecerse y no avergonzarse de lo que le deja a sus hijos”,

el principio básico de una ciudad sostenible.


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